NOMBRE: Nancy Carolina Mejía Mejía
ID 000155327
FECHA: 22 de marzo de 2024
Hoy día los filósofos y los sociólogos son generalmente aquellas personas que han sido empleadas por las universidades y otras instituciones educativas para que enseñen filosofía y sociología. En el mundo de habla inglesa estas actividades y las personas a ellas dedicadas están separadas de una manera mucho más estricta que en la Europa continental, pues su separación es tanto organizativa como epistemológica. No obstante, es conveniente subrayar que no siempre ha sido así y que, incluso actualmente, tampoco es verdad en todos los casos. Tal como cabría esperar, las relaciones entre la filosofía y la sociología no siempre han sido de altruista cooperación mutua. De hecho hay datos que confirman la opinión de que durante muchos años los filósofos han estado tratando de apoderarse de la sociología y los sociólogos de adueñarse de la filosofía.
SOCIOLOGÍA Y FILOSOFÍA
los ataques a la sociología científica procedentes de filósofos con inclinaciones idealistas serán de tipo individualista y antiholista. También sería interesante investigar los orígenes sociales y políticos del idealismo y el individualismo que aparecen en este contexto. Mientras tenían lugar tales maniobras, los sociólogos tampoco permanecían ociosos por su parte. El principal ejemplo de sociólogo que intenta apoderarse de la filosofía y, en este caso, prácticamente de todo lo demás, incorporándola a un gran plan de conocimiento y actividad humanos, es el extraordinario Augusto COMTE. ES bien sabido que intentó coronar a la sociología como "reina de las ciencias", pero ya no es tan bien sabido que, en una fase tardía de su producción intelectual, añadió otra disciplina, la Moral, a su jerarquía de las ciencias5 . Los intentos contemporáneos por parte de la sociología de relegar la filosofía al nivel de subdisciplina tienden más a tomar la forma del descuido que del desafío directo6 . La mayoría de los sociólogos ignora a la mayoría de los filósofos, por supuesto con excepciones altamente significativas, y en un situación en que el sector probablemente más influyente de los filósofos actuales (especialmente los angloamericanos) considera que la filosofía se ocupa casi exclusivamente de las "enfermedades del lenguaje", no es difícil comprender que esta filosofía pueda ser ignorada. Ernest GELLNER en su Words and Things (1959) explora muchos aspectos de esto
de la sociedad en que florece y, especialmente, con aquellos grupos que dentro de la sociedad, a causa de su dominio del dinero, la propiedad, la fuerza, el conocimiento o el poder espiritual, son capaces de definir la realidad y lo que es posible. Está claro que la cuestión crucial que debe plantearse en este contexto se refiere a la relación entre los criterios morales de una sociedad y el valor moral de tales criterios. Desde el nivel de un contacto mínimo entre filosofía y sociología (o antropología social, que presupongo clasificada con la sociología) podemos decir que los resultados de la sociología y, especialmente, de la sociología comparativa tienen interés para el filósofo moral. Hasta el filósofo lingüístico se interesará en cómo las distintas gentes usan el lenguaje moral —en efecto, se ha dicho más de una vez que WITTGENSTEIN fue una versión tardía y menos sutil de DURKHEIM. John Stuart MILL, en su ensayo sobre el utilitarismo como teoría moral y política, sostuvo muy fundadamente que el hecho de que la mayoría de las personas busquen la felicidad es una razón convincente (aunque no, como él mismo aclara, una auténtica prueba) para sostener que debe desearse la felicidad y, por consiguiente, establece la justificación del supremo principio moral9 . Independientemente de si aceptamos que la felicidad o cualquier deseo singular pueda soportar semejante carga moral, el método naturalista invita claramente al filósofo a estudiar cuidadosamente a los sociólogos y muchos libros interesantes han sido escritos sobre esta base
Conclusión. Mis conclusiones pueden quedar expresadas en pocas palabras. Los sociólogos y los filósofos han estudiado la ética, los cambios sociales y la ciencia con resultados diversos. Quienes ignoren este tipo de problemas se engañan a sí mismos, tanto epistemológica como políticamente, porque forman inevitablemente parte de lo que ellos mismos hacen. Los sociólogos y los filósofos debieran contribuir a la constitución de la ciencia del hombre y, si así lo hacemos, entonces ya no importa que seamos filósofos o sociólogos, puesto que estaremos persiguiendo fundamentalmente el mismo fin.

